Sintonía del Parnaso, regalo del amigo Micovin

21/3/10

JORNADA POÉTICA DE JOSÉ HIERRO. 20/03/2010



El 3 de abril de 1922 nace en Madrid José Hierro del Real . En 1924 su familia se traslada a Santander y en esta ciudad cursa estudios primarios en el Colegio de los Salesianos. Durante su infancia lee libros que influirán en si literatura posterior como " El alcázar de las perlas" de Francisco Villaespesa le influirá inconscientemente en el uso del eneasílabo romanceado, así como la obra de Gabriel Miró. En 1934 recibe un premio de cuento infantil, en el Ateneo Popular de Santander
Inicia en 1936 la carrera de perito electromecánico en la Escuela de Industrias, que se vio obligado a interrumpir en 1936, con el estallido de la Guerra Civil. Durante los años en que dura la guerra se afilia a la Unión de Escritores y Artistas Revolucionarios.
Al entrar las tropas del general Franco en la ciudad su padre es encarcelado, y él también corre la misma suerte. El 3 de septiembre de 1939 es detenido a consecuencia de sus actividades clandestinas de ayuda a los presos; ingresa en la Prisión Provincial y recorre una serie de cárceles del país como: Comendadoras (Madrid), Palencia, de nuevo Santander, Porlier y Torrijos (Madrid), Segovia y Alcalá de Henares. Es procesado dos veces y, finalmente, se lo condena a doce años y un día de reclusión; sin embargo, abandonará la cárcel en 1944, hasta ser puesto en libertad en Alcalá de Henares en 1944, y en marzo de ese mismo año muere su padre.
En prisión desarrolló una intensa actividad, y en los escritos de ese período quedaron plasmados muchos de los sucesos vividos durante la contienda, como la muerte de su padre, la interrupción de sus estudios y el descubrimiento de la Generación del 27, a través de la antología de Gerardo Diego.
Luego de ser puesto en Libertad José Hierro se traslada a Valencia donde se dedica por entero a escribir. Es es esta época participa en la fundación de la revista Corcel, y la revista Proel, en esta última publicó "Tierra sin nosotros", su primer libro de poemas, en 1947. En ese mismo año con su segunda obra "Alegría" obtuvo el Premio Adonais de poesía y también regresa a Santander donde vivirá hasta 1952.
Durante esos años realiza los mas diversos trabajos: listero en una empresa de construcción en Torrelavega, tornero en un taller de fundición en Maliaño, conferenciante por las bibliotecas de la provincia, redactor-jefe de las revistas de la Cámara de Comercio y de la Cámara Sindical Agraria, titulada esta última Tierras del Norte. Colabora con la revista Proel y en su sala de exposiciones, junto a Ricardo Gullón, a quien conoce a su regreso a aquella ciudad.
En 1949 contrae matrimonio con María de los Ángeles Torres. Publica el poema inédito El viento del sur, en tirada privada de cien ejemplares.
En 1952 se traslada a Madrid donde comienza a trabajar en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en el Ateneo, donde dirigirá la Sala de Santa Catalina, y en la Editora Nacional, donde desempeño diferentes trabajos: oficinista, encargado de ediciones, diseñando las cubiertas de los libros y corrigiendo pruebas de imprenta. Posteriormente, trabajará también en el departamento de promoción de la revista Reader’s Digest y en la revista Dunia, hasta que ésta se traslada a Barcelona. Trabajará, por último, en Radio Exterior de España y Radio 3, para incorporarse luego, definitivamente, a Radio Nacional de España, donde trabajará hasta 1987, año en que se jubila.
Durante todos esos años la actividad Literaria de José Hierro fue intensa. En 1953 Pablo Beltrán de Heredia le publica en Santander una Antología poética, por la que obtiene, en el mes de diciembre, el Premio Nacional de Poesía. En 1954 Ediciones Cantalapiedra publica en Santander la edición comercial de la "Antología poética". Un año mas tarde es publicada "Estatuas yacentes", en la Colección «Clásicos de todos los años», que edita en Santander, privadamente, Pablo Beltrán de Heredia.
Su libro libro "Cuanto sé de mí", se publica en 1957 y con él recibe el Premio de la Crítica. También se publica un volumen recopilatorio de los dos primeros libros de Hierro, precedidos de un prólogo suyo, con el título Poesía del momento. Comienza a escribir los poemas del "Libro de las alucinaciones", que se concluirá en 1963.
La Fundación March le concede el Premio de Poesía en 1960.
A principio de los años 60 Hierro realiza crítica de arte en diversas publicaciones, así como también dirige una tertulia poética en el Ateneo, que acaba siendo censurada, por problemas políticos, y tiene que trasladarse a la librería Abril, en la calle del Arenal; la tertulia de esta librería, dirigida por Carmina Abril, José Gerardo Manrique de Lara y José Hierro, se inaugura con una lectura de poemas por parte de Vicente Aleixandre.
En 1962 ve la luz la primera edición de sus "Poesías completas: 1944-1962" (Vicente Giner, Madrid). También es incluido en la antología "Veinte años de poesía española: 1939-1959", editada en Barcelona por José María Castellet.
Se publica el "Libro de las alucinaciones" en 1964 y en ese mismo año recibe el Premio de Crítica. Al año siguiente es incluido en Poesía española contemporánea. Antología (1939-1964). Poesía social, libro preparado para la Editorial Alfaguara por Leopoldo de Luis.
Con una tesis sobre Individuo y colectividad: El caso de José Hierro obtiene el título de Doctoró por la Universidad de Valencia Pedro J. de la Peña, que la propia Universidad editará en 1978.
Es nombrado en 1980 Miembro de Honor de la Society of Spanish and Spanish-American Studies. Aurora de Albornoz publica una extensa Antología de la obra poética de Hierro (Visor, Madrid), que tendrá una 2.ª edición en 1985.
En 1981 recibe el Premio Príncipe de Asturias de Literatura.
El Consejo de Gobierno de la Diputación Regional de Cantabria, le concede en 1982 el título de hijo adoptivo y poeta de Cantabria.
"Seis sonetos olvidados" y el libro "Emblemas neurorradiológicos", con ilustraciones de Jesús Muñoz es publicado en 1990 y también se le concede a José Hierro el Premio Nacional de las Letras españolas de este año.
Con el título de "Prehistoria literaria" son publicados en 1992 numerosos poemas, en su mayor parte inéditos. Esta obra, publicada por la misma editorial, que en 1947 sacara a la luz su primer trabajo, consta de una treintena de poemas escritos durante el bienio 1937-1938.
Un nutrido grupo de escritores y pintores le brinda homenaje en 1993 a través del libro "Encuentros con José Hierro", que es editado por el Ministerio de Cultura con motivo del Premio de las Letras Españolas obtenido por él en 1990.
Durante 1995 es galardonado con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el más importante en el ámbito poético español y es además es investido doctor honoris causa por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander.
Estuvo trabajando 7 años en su libro "Cuadernos de Nueva York" que se publica en 1998, el cual, esta compuesto por 32 poemas. Este libro es considera por la crítica como una obra mayor de la poesía contemporánea y fue galardonado el 27 de marzo de 1999 con el Premio de la Crítica en la modalidad de poesía. Es galardonado con el Premio de Literatura Miguel de Cervantes el 9 de diciembre de 1998. Un año mas tarde es elegido miembro de la Real Academia Española de la Lengua.
Falleció el 21 de diciembre del 2002 en Madrid, aquejado de una insuficiencia respiratoria el poeta que logró que se hablase de él por sus versos, que llevó en la sangre las letras con las que ha deslumbrado con sus poemas. Sin duda uno de los grandes escritores españoles de poesía del siglo XX.




APAGAMOS LAS MANOS. DEJAMOS ENCIMA DEL MAR MARCHITARSE LA LUNA ...

Apagamos las manos. Dejamos encima del mar marchitarse la luna
y nos pusimos a andar por la tierra cumplida de sombra.
Ahora ya es tarde. Las albas vendrán a ofrecernos sus húmedas flores.
Ciegos iremos. Callados iremos, mirando algo nuestro que escapa
hacia su patria remota.
(Nuestro espíritu debe de ser, que cabalga
sobre las olas.)

Ahora ya es tarde. Apagamos las manos felices
y nos ponemos a andar por la tierra cumplida de sombra.
Hemos caído en un pozo que ahoga los sueños.
Hemos sentido la boca glacial de la muerte tocar nuestra boca.

Antes, entonces, con qué gozo ardiente,
con qué prodigioso encenderse de aurora
modelamos en nieblas efímeras, en pasto de brisas ligeras,
nuestra cálida hora.
Y cómo apretamos las ubres calientes. Y cómo era hermoso
pensar que no había ni ayer, ni mañana, ni historia.

Ahora ya es tarde; apagamos las manos felices
y nos ponemos a andar por la tierra cumplida de sombra.
Cómo errar por los años, como astros gemelos, sin fuego,
como astros sin luz que se ignoran.
Cómo andar, sin nostalgia, el camino, soñando dos sueños distintos
mientras en torno el amor se desploma.

Ahora ya es tarde. Sabemos. Pensamos. (Buscábamos almas.)
Ahora sabemos que el alma no es piedra ni flor que se toca.
Como astros gemelos y ajenos pasamos, sabiendo
que el alma se niega si el cuerpo se niega.
Que nunca se logra si el cuerpo se logra.

Dejamos encima del mar marchitarse la luna.
Cómo errar, por los años, sin gloria.
Cómo aceptar que las almas son vagos ensueños
que en sueños tan sólo se dan, y despiertos se borran.
Qué consuelo ha de haber, si lograr una gota de un alma
es pretender apresar el latir de la tierra, desnuda y redonda.
Estamos despiertos. Sabemos. Como astros soberbios, caídos,
sentimos la boca glacial de la muerte tocar nuestra boca.

De "Con las piedras, con el viento" 1950


DOS FÁBULAS PARA TIEMPOS SOMBRÍOS
Segunda fábula (El amor)
1. Génesis

En el principio era el amor.
Cuando el alba buscaba un dueño.
Cuando todas las criaturas
llevaban sus cuerpos desiertos.

En el principio era el amor.
En todo tenía su reino.
La noche entera era el latido
de tan hondo enamoramiento.

El amor y las almas, juntos
fueron creando el Universo.
Las almas fueron su metal.
El amor su mágico fuego.

En el principio era el amor.
Los cuerpos estaban desiertos,
y cada cuerpo buscó un alma
que lo tuviera prisionero.

Para el cuerpo, recién nacido
de la noche, todo fue nuevo.
Ignoró, por no entristecerse,
que el alma tenía recuerdos.

En el principio era el amor.

2. Sin saberlo

Alguna vez, un alma halló
el alma que la completaba.
Cuando los cuerpos se tuvieron,
olvidaron que había alma.

No llegaron a lo que dura,
y gozaron de lo que pasa.
Luego se fueron, dividieron
el caudal de su única agua.
3. Segundo amor

En el principio era el amor.
Sin el amor nada existía.
El alma que una vez amó,
nunca jamás se apagaría.
Volver a amar era intentar
tornar al punto de partida,
apresar humo, tocar cielos,
poseer la luz infinita.
Volver a amar era querer
revivir las flores marchitas.
Era escuchar la voz del alma
que llamaba al alma perdida.
Volver a amar era llorar
por la dicha desvanecida.
Era encontrar con quien partir
el pan y el vino de otros días.
Pero -de sobra lo sabemos-
sólo una vez se ama en la vida.
Volver a amar, es evocar
el amor que colmó la dicha.
Es, sin querer, hacer sufrir.
Sentir la rueda detenida.
Que si el espejo sufre, es porque
la vieja imagen está viva.
En el principio era el amor.
De "Con las piedras, con el viento" 1950


UNA TARDE CUALQUIERA

Yo, José Hierro, un hombre
como hay muchos, tendido
esta tarde en mi cama,
volví a soñar.
(Los niños,
en la calle, corrían.)
Mi madre me dio el hilo
y la aguja, diciéndome:
«Enhébramela, hijo;
veo poco».
Tenía
fiebre. Pensé: —Si un grito
me ensordeciera, un rayo
me cegara… (Los niños
cantaban.) Lentamente
me fue invadiendo un frío
sentimiento, una súbita
desgana de estar vivo.
Yo, José Hierro, un hombre
que se da por vencido
sin luchar. (A la espalda
llevaba un cesto, henchido
de los más prodigiosos
secretos. Y cumplido,
el futuro, aguardándome
como a la hoz el trigo.)
Mudo, esta tarde, oyendo
caer la lluvia, he visto
desvanecerse todo,
quedar todo vacío.
Una desgana súbita
de vivir. («Toma, hijo,
enhébrame la aguja»,
dice mi madre.)
Amigos:
yo estaba muerto. Estaba
en mi cama, tendido.
Se está muerto aunque lata
el corazón, amigos.
Y se abre la ventana
y yo, sin cuerpo (vivo
y sin cuerpo, o difunto
y con vida), hundido
en el azul. (O acaso
sea el azul, hundido
en mi carne, en mi muerte
llena de vida, amigos:
materia universal,
carne y azul sonando
con un mismo sonido.)
Y en todo hay oro, y nada
duele ni pesa, amigos.
A hombros me llevan. Quién:
la primavera, el filo
del agua, el tiemblo verde
de un álamo, el suspiro
de alguien a quien yo nunca
había visto.
Y yo voy arrojando
ceniza, sombra, olvido.
Palabras polvorientas
que entristecen lo limpio:
Funcionario,
tintero,
30 días vista,
diferencial,
racionamiento,
factura,
contribución,
garantías…
Subo más alto. Aquí
todo es perfecto y rítmico.
Las escalas de plata
llevan de los sentidos
al silencio. El silencio
nos torna a los sentidos.
Ahora son las palabras
de diamante purísimo:
Roca,
águila,
playa,
palmera,
manzana,
caminante,
verano,
hoguera,
cántico…
… cántico. Yo, tendido
en mi cama. Yo, un hombre
como hay muchos, vencido
esta tarde (¿esta tarde
solamente?), he vivido
mis sueños (esta tarde
solamente), tendido
en mi cama, despierto,
con los ojos hundidos
aún en las ascuas últimas,
en las espumas últimas
del sueño concluido.



PRELUDIO

Después de miles, de millones de años,
mucho después
de que los dinosaurios se extinguieran,
llegaba a este lugar.
Lo acompañaban otros como él,
erguidos como él
(como él, probablemente, algo encorvados).

A partir de onomatopeyas ,
de monosílabos, gruñidos,
desarrolló un sistema de secuencias sonoras.
Podría así memorizar sucesos del pasado,
articular sus adivinaciones,
pues el presente -él lo intuía- no comienza ni finaliza
en sí mismo, sino que es punto de intersección
entre lo sucedido y lo por suceder,
llama entre la madera y la ceniza.

Los sonidos domesticados decían
mucho más de lo que decían
(originaban círculos concéntricos
-como la piedra arrojada al agua-
que se multiplicaban, se expandían,
se atenuaban hasta regresar a la lisura y el sosiego):
y todos percibían su esencia misteriosa
que no sabían descifrar.
Con reverencia temerosa
escuchaban mensajes tan incomprensibles
como los de la llama, la ola, el trueno
(tal vez con la misma inquietud con que escuchamos al doctor
que diagnostica nuestro mal
utilizando tecnicismos nunca oídos,
de manera que no sabemos
si -impasible y profesional-
es nuestra muerte lo que anuncia
o es la vida).

Nadie comprendió entonces sus palabras.
Por eso andan, ahora, las palabras
pasando por los vientos,
ávidas de que alguno las recoja
siglos después de pronunciadas.
Y aquí están aguardando que alguno las escuche,
aquí en el lugar mismo en donde fueron pronunciadas,
aquí donde confluyen
Broadway y la Séptima Avenida.
Fue aquí donde él me vio,
donde narró la crónica
de este instante en que estoy evocándolo.
Aquí, entre anuncios luminosos,
en la ciudad de Nueva York.

De "Cuaderno de Nueva York" 1998


COMO LA ROSA: NUNCA ...

Como la rosa: nunca
te empañe un pensamiento.
No es para ti la vida
que te nace de dentro.
Hermosura que tenga
su ayer en su momento.
Que en sólo tu apariencia
se guarde tu secreto.
Pasados no te brinden
su inquietante misterio.
Recuerdos no te nublen
el cristal de tus sueños.
Cómo puede ser bella
flor que tiene recuerdos.

De "Con las piedras, con el viento" 1950


CAE EL SOL

Perdóname. No volverá a ocurrir.
Ahora quisiera
meditar, recogerme, olvidar: ser
hoja de olvido y soledad.
Hubiera sido necesario el viento
que esparce las escamas del otoño
con rumor y color.
Hubiera sido necesario el viento.

Hablo con humildad,
con la desilusión, la gratitud
de quien vivió de la limosna de la vida.
Con la tristeza de quien busca
una pobre verdad en que apoyarse y descansar.
La limosna fue hermosa -seres, sueños, sucesos, amor-,
don gratuito, porque nada merecí.
¡Y la verdad! ¡Y la verdad!
Buscada a golpes, en los seres,
hiriéndolos e hiriéndome;
hurgada en las palabras;
cavada en lo profundo de los hechos
-mínimos, gigantescos, qué más da:
después de todo, nadie sabe
qué es lo pequeño y qué lo enorme;
grande puede llamarse a una cereza
( "hoy se caen solas las cerezas",
me dijeron un día, y yo sé por qué fue ),
pequeño puede ser un monte,
el universo y el amor.
Se me había olvidado algo
que había sucedido.
Algo de lo que yo me arrepentía
o, tal vez, me jactaba.
Algo que debió ser de otra manera.
Algo que era importante
porque pertenecía a mi vida: era mi vida.
(Perdóname si considero importante mi vida:
es todo lo que tengo, lo que tuve;
hace ya mucho tiempo, yo la habría vivido
a oscuras, sin lengua, sin oídos, sin manos,
colgado en el vacío,
sin esperanza.)
Pero se me ha borrado
la historia (la nostalgia)
y no tengo proyectos
para mañana, ni siquiera creo
que exista ese mañana (la esperanza).
Ando por el presente
y no vivo el presente
(la plenitud en el dolor y la alegría).
Parezco un desterrado
que ha olvidado hasta el nombre de su patria,
su situación precisa, los caminos
que conducen a ella.
Perdóname que necesite
averiguar su sitio exacto.
Y cuando sepa dónde la perdí,
quiero ofrecerte mi destierro, lo que vale
tanto como la vida para mí, que es su sentido.
Y entonces, triste, pero firme,
perdóname, te ofreceré una vida
ya sin demonio ni alucinaciones.
De "Libro de las alucinaciones" 1964


PASEO

Sin ternuras, que entre nosotros
sin ternuras nos entendemos.
Sin hablarnos, que las palabras
nos desaroman el secreto.
¡Tantas cosas nos hemos dicho
cuando no era posible vernos!
¡Tantas cosas vulgares, tantas
cosas prosaicas, tantos ecos
desvanecidos en los años,
en la oscura entraña del tiempo!
Son esas fábulas lejanas
en las que ahora no creemos.
Es octubre. Anochece. Un banco
solitario. Desde él te veo
eternamente joven, mientras
nosotros nos vamos muriendo.
Mil novecientos treinta y ocho.
La Magdalena. Soles. Sueños.
Mil novecientos treinta y nueve,
¡comenzar a vivir de nuevo!
Y luego ya toda la vida.
Y los años que no veremos.
Y esta gente que va a sus casas,
a sus trabajos, a sus sueños.
Y amigos nuestros muy queridos,
que no entrarán en el invierno.
Y todo ahogándonos, borrándonos.
Y todo hiriéndonos, rompiéndonos.
Así te he visto: sin ternuras,
que sin ellas nos entendemos.
Pensando en ti como no eres,
como tan solo yo te veo.
Intermedio prosaico para
soñar una tarde de invierno.

De "Quinta del 42" 1952


RESPUESTA

Quisiera que tú me entendieras a mí sin palabras.
Sin palabras hablarte, lo mismo que se habla mi gente.
Que tú me entendieras a mí sin palabras
como entiendo yo al mar o a la brisa enredada en un álamo verde.
Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte,
hace ya mucho tiempo aprendí hondas razones que tú no comprendes.
Revelarlas quisiera, poniendo en mis ojos el sol invisible,
la pasión con que dora la tierra sus frutos calientes.
Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte.
Siento arder una loca alegría en la luz que me envuelve.
Yo quisiera que tú la sintieras también inundándote el alma,
yo quisiera que a ti, en lo más hondo, también te quemase y te hiriese.
Criatura también de alegría quisiera que fueras,
criatura que llega por fin a vencer la tristeza y la muerte.
Si ahora yo te dijera que había que andar por ciudades perdidas
y llorar en sus calles oscuras sintiéndote débil,
y cantar bajo un árbol de estío tus sueños oscuros,
y sentirte hecho de aire y de nube y de hierba muy verde...
Si ahora yo te dijera
que es tu vida esa roca en que rompe la ola,
la flor misma que vibra y se llena de azul bajo el claro nordeste,
aquel hombre que va por el campo nocturno llevando una antorcha,
aquel niño que azota la mar con su mano inocente...
Si yo te dijera estas cosas, amigo,
¿qué fuego pondría en mi boca, qué hierro candente,
qué olores, colores, sabores, contactos, sonidos?
Y ¿cómo saber si me entiendes?
¿Cómo entrar en tu alma rompiendo sus hielos?
¿Cómo hacerte sentir para siempre vencida la muerte?
¿Cómo ahondar en tu invierno, llevar a tu noche la luna,
poner en tu oscura tristeza la lumbre celeste?
Sin palabras, amigo; tenía que ser sin palabras como tú me entendieses.
De "Alegría" 1947